Bob Dylan – Tempest

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Uno de los más  grandes entre los grandes. ¿Cómo presentar a Bob Dylan? Decir que tiene más de 50 años de carrera, 34 discos de estudio editados,  11 Grammys, 1 Oscar, que es parte del Salon de la Fama del Rock N’ Roll y que es uno de los compositores más influyentes de la historia de la música, queda corto. Sacó su último disco hace poco y ¿qué mejor manera que homenajearlo que con una Neetcrítica? Señoras y señores, Tempest de Bob Dylan.

El single “Duquense Whistle” es el primer tema del disco. Le da un arranque perfecto, con un ritmo jazzero y un contrabajo adictivo, nos transportamos a los viejos tiempos. Seguimos con “Soon After Midnight”, una bellísima balada, con temática amorosa. De las que sabe hacer Bob. Inmediatamente, nos volvemos a calzar las botas y disfrutamos de “Narrow Way”, un tema parejo, simpático y que a pesar de su falta de alternativa, no nos resulta pesado.

Dylan sigue con sus baladas y es en “Pay In Blood” en donde los dos estilos que venía manejando el disco chocan. Un poco de sentimentalismo y tranquilidad, pero con algunos toques del folk rock característico que veníamos escuchando. Excelente composición, que se lleva el premio al mejor tema del disco. Con “Scarlet Town”, el Tío Bob nos cuenta un cuento clásico acompañado de una atmósfera misteriosa, mística con buenas guitarras y la llegada del banjo a “Tempest”.

“Early Roman Kings”, un blues agrandado, y “Tin Angel”, un lento tema cargado de muchísimo polvo y hebillas, nos introducen en el principio del fin de “Tempest”. La canción homónima al álbum, es una extensa composición cercana a los 14 minutos, en donde Bob Dylan nos carga de simbolismos e imágenes del Titanic, además de geniales arreglos de violín. “Roll On John”, un homenaje a John Lennon, cierra con el disco.

Tenemos 10 canciones geniales, en donde la sola voz de Bob Dylan es protagonista. A su vez, tenemos varias historias excelentes, contadas de manera precisa y sentida. Un disco sumamente clásico, que tranquilamente podría haber sido grabado en 1965 y es lo que se valora. A Dylan no le importa que es lo que escribe, si es lo que realmente quiere escribir.

Mi puntuación: 8,5 de 10.







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