Muse – Live at Rome Olympic Stadium

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Llega la primera del 2014 y con algo de lo más furioso del 2013. Tenemos enfrente a un concierto histórico por un par de motivos. La gira “The 2nd Law Tour” de Muse, fue una de las más grandes jamás montadas, contando con varios diseños de escenarios, uno más monstruoso que el otro. Por esto, no encontró mejor forma de documentación que siendo el primer concierto en ser lanzado en 4K, la última e impresionante tecnología en televisores. Hoy, en Neetmúsica, analizamos el audio de “Live at Rome Olympic Stadium”.

La subida de temperatura no es escalonada ni mucho menos. Después de una psicótica introducción, en donde ya suenan las frenéticas y excesivamente sucias pedaleras de Matthew Bellamy, los ingleses abren con “Supremacy”, como es debido. Todo nos golpea desde su debido lugar. Los agudos empiezan a resurgir, las texturas en las voces también y el poder inmensurable del bajo de Wolstenholme y la batería de Howard escapa de manera sumamente explosiva. De la violencia al baile. El vivo cambia de color pero no de altura con las primeras bajadas de bajo de “Panic Station”. Bellamy grita “Bless he!” ante la aparición de una imagen computarizada del Papa Francisco I y el Olympic Stadium de Roma es una pista de baile frente a la canción más movida de Muse. Poderío absoluto desde el arranque.

La mística melodía de “Resistance” es coreada por el público mientras su adictivo ritmo llama a los aplausos. Los cambios entrecortados se interpretan a la perfección y la precisión comienza a aflorar, para llegar a uno de los estribillos más llenos de sentimiento de la discografía. Las decenas de miles de fanáticos acompañan. Dominic Howard dibuja sus galopantes ritmos con una versatilidad mayor a la que escuchamos en el estudio. Doble pedal y bombos veloces. Los sonidos quedan en el aire hasta que Chris Wolstenholme larga el pesado riff de “Hysteria”. La percusión se acopla y Bellamy no tiene más remedio que unirse a uno de los temas que más expone su calidad vocal. La semi crueldad del solo se magnifica ante el agudo efecto de la primera guitarra y se magnifica para derrochar color.

La bajada de cambios no es escalonada, pero la subida si lo será. Es que esa es la esencia de “Animals”, uno de los temas más hermosos que nos dejaron en su último álbum. Lo que arranca prácticamente como una canción de cuna, va tomando fuerza a partir de los fraseos y el agregado de sintetizadores pasivos, que de a poco van tomando protagonismo. La devoción en voces sobre el estribillo final alcanza a transmitir el sentimiento buscado y la destrucción del tema es aclamada. Sin previo aviso y al mejor estilo Supertramp, suena una armónica ida de si, apoyada en un lúgubre arpegio de teclado. La interpretación comienza a tomar una fuerza oscura y descomunal para desembocar en “Knights of Cydonia”, momento clave del show. La deformación del sonido ya es un clásico y las pedaleras de Bellamy se queman enteras en este tema. Cada solo tiene su atractivo y esas, son las diferencias cruciales con el estudio. Euforia pura.

Ahora sí, después de tanta ira y destrucción, viene la necesaria bajada a Tierra. Nada mejor para eso que “Explorers”. Cuando salía “The 2nd Law”, se hablaba que así sonaría Louis Armstrong si nacía en nuestros tiempos. La ternura de Muse expuesta al completo desnudo y una composición sincera, atraviesa el Olympic Stadium. Sus viajeros, viven el momento más emotivo de la noche, consumado en besos y abrazos que en el material visual, son ágilmente documentados por las cámaras. La electrónica “Follow Me” llega para devolverle a Roma toda la euforia congelada. Tal vez, el estribillo más cantado del concierto. Lo cierto es que si nos parece una canción con buen cuerpo en el estudio, en vivo se convierte en un gigante. El ritmo acelerado, la melodía adictiva y el canto sentimental, la hacen una de las canciones más aptas al estadio.

Ahora sí, el ultimo gran hit. “Madness” plantea otro de los grandes momentos. Matthew Bellamy, con sus anteojos pantalla expone cada detalle de su cara en las múltiples pantallas del escenario y el solo, es un punto aparte. Con una distorsión realmente enorme, Muse conecta el grito con mayor explosión de color de todo el “Live at Rome Olympic Stadium”. La felicidad se apodera del público y lo nuevo, queda ahí. Comienzan a cerrar con “Guiding Light”, segundo tema de “The Resistance” y aquel en donde comenzábamos a notar esa familiar afiliación con U2. La percusión siempre con falta de resolución, acompaña de manera perfecta toda la melancolía y la gloria que el tema propone. Es una composición enorme para cerrar, pero aún queda más de lo bien clásico de Muse.

El cambio de texturas y atmósferas es absoluto y lo marca una vez más, la frenética y apaleada guitarra de Matt. Uno de los más grandes y oscuros hits irrumpe en la escena para llevarnos a una recta final bien violenta. “Supermassive Black Hole” nos deja esos inconfundibles y matemáticos falsetes. Si hablamos nuevamente de esas 6 cuerdas, alcanzan su punto máximo de mutación en el fantástico y estrambótico solo. La profundidad y el cuerpo de “Uprising” comienzan a bajar el telón, pero en un climax que nunca dejó de existir. Dominic Howard encuentra la omnipotencia en estos 5 minutos y medio y cada sintetizador queda acoplado al bajo de Wolstenholme. El publico larga algunos de sus últimos gritos y aplausos sincronizados, gritos en otro de los gloriosos estribillos y todo, para llegar al final.

El final lo marca “Starlight” con sus sintetizadores y arreglos minuciosos que encuentran su debido lugar en el vivo, al lugar que en el estudio. Estribillo masivo, que no es la única sección en donde todas las voces se acoplan, sino que ese melancólico arpegio inicial es coreado de manera perfecta. De esta forma, los 3 ingleses se despiden en lo más alto del show y nos dejan una adorable hipersensibilidad.

Es un excelente vivo. Muse ha demostrado en sus años de carrera que saben llevar de manera perfecta el estudio al estadio, por más rebuscadas, estrambóticas y complejas sean sus composiciones. Por separado, cada uno se convierte en una sección con sus atributos musicales bastante desarrollados. Desde los falsetes de Matthew Bellamy, hasta la agilidad de Christopher Wolstenholme y pasando por los ritmos galopantes de Dominic Howard. Juntos, son una maquinaria inmensurable, repleta tanto de poder destructivo traído desde algún lugar de la galaxia como dueño de una ternura y tranquilidad excepcional. Muse se convierte así, en una de esas bandas con mejor vivo de la actualidad y “Live at Rome Olympic Stadium” es un claro reflejo de eso.

Mi puntuación: 8,5 de 10.







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