Neil Young – Live at the Cellar Door

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Las Neetcríticas del día de hoy, reciben a una gran joya que atraviesa el tiempo de una forma sumamente sutil e impecable. Lo último que escuchamos de Neil Young, fue “Psychedelic Pill”, álbum que llegó en 2012 y dejó una estela de aclamaciones y buenas revisiones por parte de la crítica. Sin embargo, en la época que fue grabado “Live at the Cellar Door”, lo más nuevo del guitarrista era “After the Gold Rush”, el que sería su tercer disco de estudio. Nos estamos adentrando en el arranque de los ’70, para escuchar a un Neil Young que se bañaba en Folk Rock y que regalaba en el Cellar Door, el siguiente espectáculo.

“Hi folks”. Una suave y tierna voz se escapa tímida por el micrófono del pequeño lugar, ante un público que no suena para nada numeroso. La versión joven de lo que luego se convertiría en una de las más grandes leyendas de la música, arranca promocionando su último disco con la primera composición de este. Deslumbrando desde un principio temprano con su acústica, Neil Young abre el pequeño concierto con “Tell Me Why”. Y ya entendimos de qué se trata. Un viaje melancólico y nostálgico se inicia en este momento. La lentitud se apodera de nosotros en “Only Love Can Break Your Heart” y la atmósfera del Cellar Door se materializa a la perfección en nuestras orejas. Está todo en nuestra cabeza, desde el pequeño Young hasta el público frente a sus ojos. Acabamos de empezar un trabajo increíblemente íntimo.

Los primeros tres temas, pertenecientes a “After the Gold Rush”, demuestran la calma y facilidad del artista a la hora de simplificar sus propias composiciones. En el tema homónimo al álbum, lo escuchamos solo frente al piano, tomándose su debido tiempo al momento de interpretar cada nota. Se escuchan tosidos, alguna que otra palabra suelta y de eso se trata, de recorrer como si estuviéramos ahí, las diferentes mesas que presenciaban a una futura leyenda de la música en su costado más vulnerable. Así suena Neil Young, sin otra cosa para defenderse que su piano, su guitarra y su tranquila y relajante voz, la cual suena limpia como nunca en un álbum en directo. En cuanto al primer instrumento, alcanza a explayar sus sonidos máximos en los potentes acordes de “Expecting to Fly”.

Se vuelve a colgar la acústica (o seguramente, a sentarse con ella) y en “Bad Fog of Loneliness” es cuando empieza a elevar sus arpegios y cambios ligados de bajos. Con el folk a flor de piel y el rock que trata de salir de manera sutil en ese ambiente tan privado, el estadounidense logra sonar calmo, con la cabeza mirando apenas hacia arriba y completamente, como mencionamos, vulnerable ante sus primeros públicos. Con “Old Man” nos encontramos con la fusión perfecta. La melodía vocal que deja muchísima actitud e incluso soberbia y toda la ternura e inocencia de la guitarra, la cual encuentra su punto más lineal y calmo en esta composición. Seguimos remarcando los arpegios, impecables.

Las intenciones del “Live at the Cellar Door” ya las comprendimos desde el principio, pero recién ahora es en donde podemos empezar a entender cómo utilizarla. Es a través de la comparación que este álbum se vuelve grande. Composiciones como “Birds” que quedan completamente simplificadas a un piano y que eso, les da una actitud completamente diferente a la original. En este álbum, la gran mayoría desembocan en un sentimiento melancólico, rompecorazones. Este puede que no sea el caso de “Don’t Let It Bring You Down”. Las similitudes con algunos trabajos contemporáneos de artistas nuevos se nos vienen en un segundo a la cabeza y Jack White y su “Blunderbuss” es uno de los primeros. Influencias musicales en su máxima expresión de la mano de uno de los más grandes.

Ya en este punto no esperamos otra cosa que lo que ya vinimos escuchando, pero esto no es una cualidad mala. Es un live de Neil Young, grabado en 1970 en un pequeño escenario frente a muy pocas personas y con tan solo un piano y una acústica. La linealidad es algo inevitable, pero se nos hace todo tan hermoso que cualquier concepto crítico se pierde en cada una de las composiciones. Las armonías agudas de “See The Sky About to Rain” nos dejan uno de esos últimos respiros nostálgicos, para luego meternos en “Cinnamon Girl”. La gente aplaude los primeros acordes y el joven estadounidense elabora una ligera versión en el piano, ejecutada de manera ágil y con una versatilidad magnífica.

Y así comienza a irse, con “I Am a Child”, de la cual ya no podemos decir mucho. Fuimos dejando todos los conceptos que se manejan arriba. Aquí, podemos destacar la habilidad de Young con las cuerdas de arriba, esos agudos que suenan armónicos mientras los bajos cambian constantemente y con muchísima naturalidad. Lo último que escuchamos, es “Down By The River”, tal vez una de las mejores versiones que encontramos del álbum “Everybody Knows This Is Nowhere”, y “Flying On The Ground is Wrong”. Es aquí en donde escuchamos la voz de Neil Young al micrófono, animando, haciendo chistes y riendo con la gente. La cualidad de cómico estuvo desde un principio, más allá de que luego nos destruya anímicamente con una hermosísima versión de la mencionada composición.

¿Qué decir? Es una pieza que nos damos el lujo de compartir debido a que sabemos bien cada cuanto salen este tipo de cosas. O mejor dicho, cada cuanto salen cosas así con tanta calidad encima. Escuchar a Neil Young, en vivo de una forma tan impecable, con la voz tan prolija e inocente, es algo que cualquier fanático va a querer experimentar. “Live at the Cellar Door” es un muestrario de 13 canciones tiernas, pensadas y ejecutadas con muchísimo sentimiento y pasión. La falta de arreglos, percusiones y otros condimentos, hacen de este pequeño concierto (que en realidad son varios) un completo encuentro íntimo con el guitarrista, con una buena digitalización y un aroma vintage omnipresente.

Mi puntuación: 8,5 de 10.







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